En Tijuana para 1924, las viviendas estaban ubicadas de manera dispersa, luego en 1930 ya se observaba un aumento considerable de las mismas. Posteriormente se inició un proceso de expulsión de la población para dar paso a actividades comerciales y de servicio, por lo que las nuevas construcciones de vivienda tuvieron que ubicarse fuera de esta zona. Para así dar origen a las primeras colonias obreras de Tijuana Libertad, Morelos y Castillo y de la élite (Escobedo Cacho). Eventualmente, la falta de vivienda y el inicio de la expansión urbana provocaron el fraccionamiento de los antiguos ranchos aledaños al poblado. A su vez, el crecimiento de la población, así como la urbanización, trajeron como consecuencia el avance de la mancha urbana hacia el este y el oeste del poblado, debido a que en el sureste corría el río Tijuana, por lo que la población se ubicó en las partes altas del área, como sucedió con las colonias Libertad, Morelos, en 1929, y la colonia Independencia, en 1934.
Otro elemento que condicionó la ubicación de los nuevos asentamientos humanos fue la cercanía con las aguas termales (de Agua Caliente); por ejemplo, en las notas periodísticas de 1930 se promueve la venta de lotes de la colonia Escobedo Cacho, en donde textualmente se dice: “en el camino que va al Agua Caliente”; de hecho, el nombre del bulevar Agua Caliente tiene su origen en la existencia y ubicación de estas aguas termales.
La fundación de las primeras colonias de Tijuana se realizó en un periodo en que el desarrollo de infraestructura turística dio forma a la articulación económica local, cuando el escenario de los ranchos retrocedió ante el inicio de la urbanización; en ello fue fundamental la participación de la nueva población que llegó a la región.